El Bautismo de Jesús y… ¿nuestro bautismo?

bautismoNormalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía está dedicado a celebrar el Bautismo de Jesús. La Iglesia celebra cuando Cristo se puso en la cola de los pecadores para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). 

Hay una diferencia importante entre los dos bautismos: el de Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; y el de Jesús: con Espíritu Santo, renovación interior que nos hace “partícipes de la naturaleza divina”.

¿Porqué entonces Jesús se hace bautizar por Juan? Admitámoslo…, descubramos nuevamente el “modo” que Dios emplea para salvarnos: hoy se pone en la fila de los pecadores, y aunque no lo necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia… Se ha hecho semejante a nosotros en todo, y por eso no se avergüenza de colocarse en la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del Reino de Dios… así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre sí todos nuestros pecados, y subió a la Cruz.

Pero el bautismo que recibió Jesús fue muy “especial”: ciertos hechos nos indican que con Él comienza un nuevo bautismo: el cielo abierto (ya nunca más cerrado por los pecados, como hasta este momento) Es decir, comienza una nueva etapa de relación entre Dios y los hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá: viene con Cristo y el Espíritu Santo. Llega todo, porque Dios mismo viene, y Él será para nosotros y nos dará todo. Estamos frente al comienzo de una nueva humanidad, divinizada.

Cristo nos representa a todos, que desde ese momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre… Cuando somos bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente, verdaderamente: somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra dignidad, nuestra gloria, y nuestro compromiso pasa por vivir y actualizar nuestro propio bautismo.

¡Feliz domingo!

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