Comunicado Parroquial en el Año de la Misericordia

Logo-misericordiaQueridos hermanos:

El Santo Padre, el Papa Francisco, ha convocado un Año Jubilar de Gracia para toda la Iglesia centrado en la Misericordia. La Misericordia que es el atributo más excelso de Dios que, en Cristo, ha venido a salvar a los hombres de todos los tiempos, de toda raza y cultura por medio de su Evangelio: buena noticia de Misericordia para el mundo. Un mundo en el que nosotros como cristianos vivimos y en el que estamos llamados a construir su Reino: un Reino de verdad y de amor, de justicia y libertad, de compasión y de misericordia. Sólo así  el milagro de la Encarnación no quedará encerrado en el pasado –como si se tratara de algo anacrónico o anticuado– sino que la llegada de Cristo se hará patente en el día de hoy.

En este sentido y a este tenor podemos ver que el mundo, la sociedad, los cristianos vivimos alejados de su amor; no porque Él nos lo haya retirado, sino porque vivimos al margen de su Persona, de sus insinuaciones, de su amor. Hoy se dan rencores, envidias, odios, violencias, pobrezas, guerras; hoy mucha gente vive en la desesperanza, en la lejanía, en la soledad, en el abandono; hoy mucha gente pierde la vida porque nadie les regala una presencia, un acompañamiento, una palabra de ánimo, algo que les haga recobrar su ilusión y les recuerde asimismo a Dios que no niega su amor a sus hijos necesitados. Por eso, en palabras de Francisco, los cristianos somos “instrumento de misericordia” para los otros.

En nuestra Parroquia de San Martín de Porres hemos reflexionado sobre la Misericordia en los grupos que componen nuestra comunidad cristiana. El Consejo de Pastoral vio en su día la posibilidad de abordar la misericordia en sus tres facetas teológica, pastoral y espiritual, con la actividad “Los viernes hablamos de misericordia…” (tres charlas-coloquio: “Misericordia es el nombre de Dios”, “La Iglesia, lugar de la misericordia gratuita”, “La experiencia de la misericordia en el sacramento de la Penitencia”) con el fin de responder a las necesidades de su pastoral específica e incidir en unos aspectos concretos en los que podamos trabajar juntos con ocasión de este Año Santo.

Para muchos esto puede quedar simple y llanamente en pura teoría que no serviría de nada si no se traduce en una práctica, ya que las palabras sin las obras son mera charlatanería, y las obras sin palabras carecen de fundamento real. Es así que analizando nuestra situación concreta de cristianos de a pie, que vivimos la fe y los sacramentos en una comunidad que camina en la Iglesia de Jesucristo, pensamos en tantos otros que se han olvidado de Dios por diversas causas para recordarles algo esencial e importante: que Dios no les olvida.

Es necesario que analicemos cómo somos cada uno de nosotros. A veces nuestro testimonio de vida deja mucho que desear, es fácil imbuirse en el materialismo y en el consumo frenético que nos circunda. Comprendemos que nos cuesta perdonar. Nos damos cuenta que a veces por rutina no experimentamos el amor de Dios; en tantas ocasiones tenemos una imagen inadecuada de Él. Cuánta rutina metida en nuestras historias concretas de acudir porque toca a los sacramentos y nada más. Nos falta la alegría que contagie el gozo de la Misericordia, como si con nosotros todo acabase.

No hermanos. Así no podemos seguir. Hemos de irradiar la imagen positiva, bondadosa y misericordiosa de Dios que es Padre y que viene a salvar lo que estaba perdido, porque en Jesús tenemos la prueba más grande de su amor llevado hasta el fin, hasta el extremo, hasta la carne y la sangre. Y este ha de ser nuestro mensaje y nuestro compromiso personal y eclesial: ser signos visibles de la Misericordia del Padre.

Para todo esto proponemos lo siguiente:

1) Potenciar los momentos personales de acogida a todo aquél que llame a la puerta de nuestra Parroquia… emplear el tiempo y las energías en que esa persona no salga igual de como entró en ella, sino que se sienta escuchada, perdonada, querida y amada. Esto lo tenemos que hacer todos nosotros personalmente y especialmente Cáritas Parroquial como Iglesia que ama hasta el extremo.

2) Cuidar las celebraciones del perdón: el tiempo que los sacerdotes empleen en ocupar el confesonario, el acto penitencial en la Eucaristía que muchas veces pasa desapercibido, los tiempos fuertes de la liturgia.

3) Fomentar el voluntariado que se acerque a las diversas realidades de los que sufren: los enfermos y ancianos, en los hospitales o en la marginación, las familias separadas o los matrimonios rotos.

4) Cuidar los pequeños detalles de cada día por insignificantes que resulten: los sacerdotes procuraremos saludaros a todos cuantos queráis los domingos en la celebración de la Eucaristía, visitaros en vuestros hogares, acercarnos a vuestras realidades, compartir tiempo con vosotros, ayudaros en vuestras situaciones, acompañaros cuando perdáis a un ser querido…

5) La Parroquia ha de interesarse por formar a sus cristianos, en una catequesis renovada, programada y adaptada a cada edad y circunstancia, de modo que puedan hoy dar razón de su esperanza ante aquel que lo requiera.

6) Finalmente, ningún grupo apostólico ha de encerrarse en sí mismo, como si se tratase de un gueto, sino que participando como comunidad ha de perder si hiciese falta de sí mismo por fomentar lo que nos une, lo que construye, lo que crea vida, evita enfrentamientos, rivalidades y celotipias.

Todo un programa que empezará este curso por llevar a cabo cuatro acciones concretas: en el mes de marzo una visita a la sede de Cáritas de Burgos y participar de los talleres de inserción que cada uno de los programas lleva a cabo, en el mes de abril ganar la indulgencia plenaria que la Iglesia concede celebrando como Parroquia el Jubileo en la Iglesia Madre que es la Catedral de Burgos, en el mes de mayo tendremos la posibilidad de visitar el Centro Penitenciario de Burgos y tomar contacto con esta realidad, y en el mes de junio, peregrinar a Liébana donde se venera el lignum crucis, la cruz del Señor, signo de misericordia para todos. Una cruz que ilumina nuestro barrio desde la torre de la iglesia.

Sin más dilaciones: cada uno de nosotros estamos invitados a alcanzar la Misericordia que Dios nos trae, para ser misericordiosos con todos. Y para esto esta Comunidad Cristiana os llama, os invita y os dice que cuenta con todos y cada uno de vosotros.

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