Pregón de Semana Santa

IMG_0026El pasado martes día 8 de marzo, tuvo lugar en la Parroquia de Ntra. Sra. de Fátima del popular Barrio de Gamonal de la ciudad de Burgos, el Pregón de la Semana Santa a cargo del sacerdote Don Diego Mingo Cuende, Vicario Parroquial de San Martín de Porres en Burgos. A éste evento se sumó el coro de la Parroquia, del que Don Diego es director. Un acontecimiento íntimo y cercano en puertas de la semana grande de los cristianos.

El pregón giró sobre cómo el mundo de hoy reclama en los cristianos una respuesta de misericordia; contemplando los cinco sentidos en Cristo, en María y en cada cristiano pudieron contemplar la belleza inagotable del Dios que nace, vive, muer y resucita regalando la vida que no  se agota. Cinco canciones polifónicas ponían el colofón de cada una de las partes del pregón: “Yo vi la Ciudad Santa”, Oigo en mi corazón”, “Anima Christi”, “Tantum ergo” y “Misericordes sicut Pater”, himno oficial del Jubileo.

Éstas fueron las últimas palabras que Don Diego dirigió a María, Ntra. Sra. de la Misericordia y de la Esperanza; palabras que el mismo Papa Francisco la dirige en la Bula Misericordiae Vultus 24:

“El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.

Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre por el amor del Padre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno”.

Vivamos esta Semana Santa como un acontecimiento nuevo en nuestra vida; como un acontecimiento único en nuestra historia, como un acontecimiento irrepetible para nosotros. Que acompañemos a Cristo en su pasión y muerte para resucitar con él a la Vida.

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