Testimonio vivo: Don Diego Mingo, 29 años

Continuamos con nuestra sección “Testimonio Vivo”. En esta ocasión hemos invitado a Don Diego Mingo Cuende, sacerdote de la Parroquia, para que nos cuente brevemente cómo vivió los días de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia:

¡Hola a todos! Soy Diego, sacerdote desde hace casi 5 años y desempeño mi pastoral como Vicario Parroquial en esta Parroquia de San Martín de Porres de Burgos.

Cuando me propusieron ir a la JMJ de Cracovia 2016 en un principio puse todos los obstáculos del mundo, pero finalmente me apunté al ver que otros jóvenes de la Parroquia tenían mucha ilusión en asistir… y ¡menos mal que he peregrinado hasta allí! No me arrepiento de haberlo hecho a pesar de los cansancios, empujones, calores y agobios de estas jornadas. He regresado feliz.

El Papa en la ceremonia de bienvenida nos dijo que ante todo habíamos ido a encontrarnos con Cristo, que era Jesucristo el que nos había convocado; ahí descubrí que era Él quien lo había preparado todo.

Para mí ha sido muy importante el tema de la mirada. He contemplado la mirada de Dios en el rostro de miles y miles de jóvenes en torno al Papa. De hecho el Cristo de la Divina Misericordia pintado con ocasión de las apariciones a Santa Faustina Kowalska, y que presidía el escenario y el altar donde estaba el Papa Francisco, me conmovió enormemente. A la salida de la Capilla de las apariciones pude observar que había una imagen enorme de este Cristo de la Divina Misericordia, y que se componía digitalmente de rostros más pequeños. Es decir, todos los rostros unidos de personas concretas confeccionaban la imagen de Jesús. Esto me hizo pensar: también entre aquéllas caras podría estar la mía, si sé irradiar el rostro misericordioso de Dios en mi vida.

Ejemplos los he tenido. En la ciudad de Berlín al contemplar las ruinas del muro de la división me di cuenta de que Jesús, con su mirada de amor, nos invita a la paz y a la reconciliación. En Praga, ante la mirada inocente del “Niño Jesús de Praga”, sentí que Dios nos ha mirado a todos con misericordia porque se encarnó para que pudiéramos acceder al Padre por medio de Él, si no estaríamos muy distanciados. En Viena, al contemplar el arte y la cultura, pude agudizar la mirada y trascender lo material para encontrarme con Aquél que todo lo ha hecho bien.

Ya en Polonia muchas miradas. Las miradas hospitalarias y solidarias de las familias que nos acogieron en Leszno y Posznan. Familias humildes que a pesar de todo abren las puertas de su casa al que llega de lejos. Recuerdo las lágrimas de despedida de la madre de nuestra familia y sus palabras en polaco: “sois parte de nuestra familia”. Y la mirada de los muchos jóvenes voluntarios que hicieron que nos sintiéramos muy a gusto esos días. ¡Qué fe se respira en estos lugares!

Una mirada especial la de la Virgen María de Chestokova en el que recibí el abrazo de Dios a través del sacramento de la Reconciliación, y después hacer fiesta con todos los peregrinos españoles. El silencio de recogimiento al contemplar los restos del sufrimiento en Auschwitz, incluso el testimonio heroico del Padre Kolbe que muere perdonando a sus verdugos, porque donde hay amor el odio no puede hacer nada. También traigo a mi memoria las personas con las que me he ido encontrando y que he ido conociendo en cada lugar.

Finalmente, los días centrales de la JMJ la mirada serena y alegre del Santo Padre, como testigo de la misericordia de Dios. Sus palabras sencillas y delicadas al mismo tiempo que te hacen pensar y recapacitar siempre; palabras sugerentes que van acompañadas de gestos elocuentes. Como anécdota, el domingo, antes de la misa de clausura de las jornadas, tuve la suerte de ver en primera fila al Papa Francisco, que pasaba a escasos metros de donde me encontraba. Él me miró a los ojos y, en su mirada, descubrí que todo había merecido la pena.

Todo esto, con el encuentro cotidiano con Cristo en la Eucaristía y en los hermanos, ha forjado en mí algo novedoso, que aunque siga siendo el mismo ya no puedo hacer lo mismo porque Dios, durante estos días, me ha tocado el corazón.

Diego Mingo

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