Asamblea Arciprestal Burgos-Vena

El delegado de Familia de la diócesis de Valladolid, Fernando García Álvaro, ha impartido hoy la conferencia «La promesa de Dios en el horizonte de la familia», dentro de la asamblea arciprestal de Burgos-Vena. Y es que la familia y el amor están siendo uno de los ejes sobre el que las parroquias de la zona norte de la ciudad están poniendo énfasis a lo largo del presente curso pastoral. A ellos han dedicado parte de sus reuniones formativas los sacerdotes del arciprestazgo y son los que dan cuerpo a las jornadas compartidas que mantienen sus fieles durante este y el próximo fin de semana.

El delegado de Familia de Valladolid ha destacado en su ponencia que «la sociedad líquida» actual minusvalora el auténtico significado del amor. De ahí que haya abogado por «evangelizar» de nuevo este concepto y recuperar su auténtico significado: «Solo en el amor y la comunión el corazón del hombre y la mujer alcanzan su auténtica felicidad», ha insistido en su exposición.

Además de la ponencia de García Álvaro, la jornada, que se ha desarrollado en los salones de la parroquia de San Martín de Porres, ha contado también con una serie de talleres sobre el acompañamiento de la diócesis a las familias, impartido por el COF, el acompañamiento de la fe en la familia o la importancia de la vida conyugal. El acto ha concluido con un pequeño gesto público frente a la parroquia de la Sagrada Familia, junto a la imagen dedicada a la familia.

Os dejamos el texto del manifiesto:

Ante esta escultura, monumento a la familia, imagen de la de Nazaret, nos hemos reunido venidos desde distintas parroquias de nuestro arciprestazgo de Burgos Vena, para manifestar nuestro compromiso de gritar al mundo que queremos redescubrir la grandeza del amor y la belleza del proyecto de Dios realizado en cada uno de nosotros, de la familia, de la entera sociedad.

Ante un mundo cada vez más líquido, que confunde amor con emotivismo; que reduce al otro en una fuente de beneficios personales, y que cree encontrar la verdadera felicidad en el cuidado narcisista y cada vez más intenso de uno mismo, olvidando al otro diferente, queremos ratificar nuestro deseo de redescubrir la grandeza del amor humano y contar ante nuestros contemporáneos la verdadera vocación a la comunión y al amor que existe en cada corazón humano como única vía para lograr la verdadera y auténtica felicidad. Una meta que alcanza su dinamismo básico y más pleno en la familia.

Son muchas las propuestas, los proyectos y las iniciativas que la Iglesia burgalesa está llevando a cabo para lograr nuestro objetivo. Hoy mismo las hemos conocido de mano de sus protagonistas. Quizás ni sabíamos de su existencia. Pero es bonito saber que la Iglesia quiere evangelizar este campo del amor, tan desorientado y confundido en nuestro tiempo. Porque la Iglesia, a la que todo lo humano le es propio, no quiere ni puede dejar de acompañar los dramas, las angustias y las insatisfacciones que surgen de una mal entendida y mal vivida idea de amor, de compromiso, de entrega. ¡Qué bello poder gritar al mundo que la felicidad plena del ser humano radica en vivir en comunión con el otro y amándolo sin dilaciones para buscar su propio bien!

Como cristianos queremos comprometernos con esta tarea y sumarnos al carro; continuar con esta misión que la Iglesia está llevando a cabo y ser audaces para contar al mundo que las mayores promesas del Dios amor se llevan a cabo allí donde el amor descubre su verdadero hogar: la familia.

Tarea apasionante, pero no exenta de dificultades. A pesar de ello, sabemos que el amor de Dios ya ha sido derramado en nuestros corazones y que la capacidad de amar a imagen y semejanza de Dios no es por ende tan complicada: Jesús resucitado nos lo recuerda; Jesús resucitado nos empuja. A la Sagrada Familia, fuente de ejemplo, de entrega y de amor, encomendamos nuestra tarea. Que Jesús, José y María nos ayuden para poder anunciar ante el mundo esta promesa de amor, de entrega, de comunión, de búsqueda desinteresada del bien del otro.

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