Testimonio vivo: “me complace saber que soy un ejemplo a seguir”

Rosa Cantero Gil es catequista de nuestra parroquia. Con su buen hacer y su testimonio intenta llevar a Jesucristo a los niños y jóvenes de hoy; sabe que lo más importante es sembrar la “semilla” de la fe, ya luego es Dios quien la hará crecer.

Preséntate, ¿quién eres? ¿A quién das catequesis? ¿Cuánto tiempo llevas?

Me llamo Rosa, tengo 24 años y estudio el Grado en Maestro de Educación Infantil. Actualmente, doy catequesis a las niñas, que este año recibirán el sacramento de la confirmación.  Con el curso que comienza, se van a cumplir dos años desde que empecé a dar catequesis en esta parroquia.

¿Cómo surgió la idea de dar catequesis en la parroquia de San Martín de Porres?

Antes de formar parte del grupo de catequistas de esta parroquia, yo participaba en el coro de la misa de familias. Llegó el momento de partir hacia la JMJ de Cracovia, con un grupo de jóvenes de aquí. Recuerdo a la perfección aquella mañana en Bochnia, cuando nos dirigíamos a recoger el picnic. Don Diego se acercó y comenzamos a hablar de lo que me había parecido la JMJ, y lo que me había aportado como cristiana. Fue entonces cuando me preguntó que si estaba dispuesta a dar catequesis. En un primer momento me entró el miedo, ya que yo nunca había dado catequesis. Pero enseguida acepté la propuesta.

Todavía hoy, creo que el gran fruto de la JMJ fue crecer como cristiana y dar un gran paso: ser catequista.

¿Cómo vives la vocación en la iglesia?

Yo me defino como una persona que le gusta darse a los demás. Es por ello, por lo que me gusta participar en la parroquia de forma activa, manteniendo vivo el anuncio de Jesús. Cada día que pasa, me siento más orgullosa de realizar la misión que se me ha otorgado en ella. Me complace ser testimonio, intentando seguir el ejemplo de Cristo.

Hace unos años, probablemente no hubiese pensado lo mismo que ahora, pero cuando estás inmersa en esta realidad, no te importa lo que piensen los demás por defender que eres cristiana practicante y además catequista. Me gustaría conseguir que los niños y niñas de mi grupo de catequesis, o de las demás tareas en las que participo, pierdan el miedo al “qué dirán” y que promuevan también el anuncio del Mensaje de Cristo, ya que consideraría una pena que éste cayese en saco roto.

¿Cómo son los niños y jóvenes de hoy?

Desafortunadamente vivimos en una sociedad en la que los niños y jóvenes tienen una fe desarraigada en Dios. Pienso que hoy en día los niños y jóvenes están influidos por otros ámbitos sociales, dejando de lado a lo más importante: “DIOS”. Me duele ver cómo algunos niños bautizados no reciben una formación cristiana adecuada, solo porque sus padres no sean practicantes o creyentes. Pienso que son los niños los que deben elegir si quieren seguir perteneciendo a esta comunidad o no.

Otro aspecto que me duele es cuando pregunto a los niños y jóvenes qué esperan de la confirmación y ellos responden que la quieren recibir porque si no, no te puedes casar o porque se sienten “obligados” por sus padres. Un sacramento debe recibirse, porque la persona realmente lo desea. Creo que hace falta transmitir un testimonio de fe en Dios, que empape en los corazones de los jóvenes. No hace falta marcharse lejos para evangelizar, puesto que en nuestro país hace falta acercar a esos jóvenes que han dejado de lado a Cristo.

Lo que más te gusta de esta tarea…

De esta tarea me gusta sentirme útil, es decir, plantar mi “semilla” en lo que debe ser la tarea más importante de un cristiano: evangelizar. Me complace sentir que soy un ejemplo a seguir para mis catequizandos, o al menos eso intento. Yo, como joven que soy, intento transmitir que no es malo ser cristiano y profesar nuestra fe en Cristo, sino todo lo contrario. Estoy contenta de que me haya tocado al grupo que tengo, ya que le pretendo emitir que el cristianismo no es una religión “vieja”, sino que hay muchos jóvenes que participan en esa creencia.

Otro aspecto que me gusta es que a través de esta acción no solo “crecen” los catequizandos como cristianos, sino que el catequista también se enriquece de ello.

Muchas gracias. ¡Que Dios te ilumine para ser “sus manos” entre nosotros!

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