Tener ojos para saber mirar

Las cosas a veces no son lo que son, o a veces sí, ¿quién lo sabe? Nosotros lo sabemos muy bien.

En el Voluntariado del pasado sábado hemos trabajado esto y lo hemos logrado. Cuando uno ve a alguien, y le acompaña, y le ayuda… no solo veo a una persona concreta: veo a Dios en esa persona concreta. Para ver a los demás así hemos de cambiar la óptica de nuestra mirada.

Los ojos nos ayudan pero también ocultan la realidad. Miopías, presbicias, ojos vagos… ¿cómo adorar a Dios a quien no vemos si antes no amamos a quien vemos?

Nuestra vista es un regalo. Nuestras manos son regalos. Descubrirnos en regalo para los demás es el reto.

Un sábado para recordar. Risas, ilusión y el corazón vibrante tras haber hecho el bien.

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