La mirada de Dios puede cambiar tu vida

El pasado viernes, día 14 de diciembre, nos juntábamos en el Cenáculo para seguir compartiendo la vida. Una vida que se comparte se acrecienta.

En esta ocasión nos tocaba entrar de lleno en cómo es la mirada de Dios para con nosotros. Dios nos ha creado perfectos, “a su imagen y semejanza”, y nos ha hecho así por amor. Su MIRADA es mucho más amplia que nuestras miradas. Sentirse mirado por Dios es sentirse cuidado y querido. La mirada de Dios es acogedora y limpia. En esta ocasión unos sencillos espejos nos sirvieron para proyectar nuestra propia imagen, esa que Dios ve y esa que otros no ven.

Cada uno de nosotros somos insuperables e insustituibles; somos únicos e irrepetibles. Así ya preparamos la Navidad, junto a Aquél que viene en la sencillez de un Niño.

Hay muchas miradas; pero solo hay una que puede cambiar la vida: la suya.

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