Palabra que da vida. Vida que lleva a la Palabra.

Dice Santa Teresa de Jesús: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”. Aquí descubrimos pistas para guiar nuestra oración y que esta sea en la acción.

Una de las constantes que ayudan a mantener el alma y la vida en continuo contacto con Dios es la fuerza de la oración. Oración es pensar en Dios amándolo. Para un cristiano, una vida sin oración corre el riesgo de convertirse en árida.

La oración toma una forma diferente según el tiempo, los lugares, las ocupaciones y las preocupaciones de cada uno, la cultura y la experiencia vividas. La oración puede nacer espontáneamente con palabras de todos los días. La oración es la fuerza que, unida a Dios, lanza al creyente a la acción apostólica. Ya que la oración no es un refugio.

Presencia, amistad, frecuencia, sencillez, disponibilidad… son actitudes que hemos trabajado en nuestro Grupo de Vida. En esta ocasión hemos dejado a un lado la formación para ponernos delante de la Palabra de Dios y construir, en nuestro grupo y en nuestra vida, espacios para crecer en amistad.

Orar es fácil. Solo hay que ponerse delante de Dios y, desde la sencillez, decir: “Aquí estoy”.