Rompe las cadenas que nos atan

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”. (El Quijote)

Cervantes considera la libertad un gran regalo. Tras la vida, el más grande. Pero en el mundo, incluso dentro de nosotros mismos, hay acontecimientos, cosas, personas y circunstancias que estemos encadenados. Pero también es cierto que hay muchas “llaves” que liberan.

En el CENÁCULO del pasado viernes, día 26 de abril, pudimos experimentar la nueva vida del Resucitado. Él es el que rompe las cadenas y los cepos, es el que abre las esposas cerradas, es el que busca lo mejor de nosotros. Analizando tantas situaciones nos sentimos dichosos, porque se nos manda a anunciar la libertad para no quedarnos paralizados y petrificados. Así alegres y vitalistas, tendremos valentía y coraje.

El Señor resucitado se presentó en el Cenáculo en la primera pascua y les deseó la paz. Dos mil años después Él se sigue presentado en este Cenáculo y nos desea la misma paz. Incluso el Papa Francisco dijo en Panamá a los jóvenes de la JMJ: “la libertad es un regalo que Dios nos da pero hay que saber recibirlo”.

Damos gracias a Dios por estos chicos valientes.

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