¡Afortunados no, agraciados sí!

¿Qué entiendes tú por felicidad? Para algunos la felicidad se da en las posesiones que uno tiene o en la estabilidad que precisa, incluso comparándose con quien tiene al lado, deseando ser como él.

En nuestro Grupo de Vida hemos reflexionado sobre la felicidad que Jesús propone en la montaña, cuando traza las Bienaventuranzas como resumen de su mensaje evangélico. Jesús se encarnó en un estilo de vida: los pobres, los limpios de corazón, los mansos… Las Bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús y responden al deseo natural de felicidad que todos tenemos. En ellas se formulan las condiciones indispensables para que se vaya realizando ese nuevo estilo de vida para una nueva sociedad. Esta no son ley, sino Evangelio.

No somos “afortunados” sino más bien agraciados. ¡Que el Señor nos siga regalando saber descubrirle cada día mejor! Atreverse a tocar el Cielo es de valientes, de los que se dejan tocar el corazón.