«¡Mirarse al espejo de vez en cuando no está nada mal!»

¿Alguna vez te has mirado en profundidad? ¿Qué hay dentro de ti? Seguro que si miras y observas hay mucho de bueno. ¡Es normal! Dios nos ha creado a su imagen y semejanza. Pero, y los demás, ¿cómo te ven? ¿Qué imagen tienen de ti?

Tenemos un gran abanico de posibilidades. La mirada de Dios no juzga ni prejuzga: su mirada libera y sana. También nosotros como FAMILIA hemos hecho examen de vida y hemos descubierto lo maravilloso que tenemos; nos hemos mirado a nuestro espejo y ojalá que siempre irradiemos la imagen de Jesús, el hombre nuevo.

¡Tú me miras a mí y yo te miro a ti!