«El buen Pastor escucha la voz de las ovejas»

El Señor es mi Pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tu vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. (Salmo 23)

En el Domingo IV de Pascua hemos hablado del «Pastor» y de las «ovejas». Es maravilloso sentirme miembros de una comunidad más grande. ¡Damos gracias a Dios!